Lejana de todo, lavida giraba el tiempo implacable, derribaba bellezas desiguales Dormitaba el anhelo, fulguraba en pleno lo vano y desabrido Su paso silente, retraído, casi raído tomaba su rumbo, su pleno camino Nada la detuvo y vivió como muchos, hubieran querido En su centro íntegro y ergido acunaba las buenas semillas herencias de aquellos queridos que fueren simiente de vida e impulsores silenciosos de su fuerza escondida. Así fue sembrando con su cálida sonrisa ni bien comprendida ni tan justificada potencia en sus ojos pureza en el alma cautivando a aquellos que su mirada encontraban dejando una huella jamás olvidada.